domingo, 27 de marzo de 2022

Alegría - Miguel Ángel Carmona del Barco


Argumento

Alegría no quiere ser como su madre. Ha crecido al borde de un abismo y se aferra a sus estudios y a su trabajo para no caer en él. Pero llega Mario, criado a base de golpes y humillaciones, tan fuerte y a la vez tan frágil. Abraza como un rosal, que huele bien y se clava en la piel. Al primer pinchazo, Alegría intenta zafarse, pero el rosal se ha transformado en zarza. Ya no sabe salir. Ese mundo nuevo de camaradería adolescente, tardes en la piscina y descubrimiento del sexo, se convierte en prohibido porque a ella ya no le corresponde mundo alguno: ella ya es solo un elemento, una posesión más, en el mundo de Mario.


Personajes

Miguel Ángel Carmona del Barco construye una historia basada en personajes oscuros, que dan forma a su mundo a base de violencia, de alegría, de pena, de emociones sinceras y profundidad en su desarrollo. Carmona del Barco dispone un elenco de personajes de una profundidad inaudita, con aristas que llegan a cortar al lector, haciéndole sangrar a medida que va pasando páginas. Alegría no quiere ser como su madre, así reza la sinopsis de una novela que duele. Los personajes sufren, y nosotros sufriremos con todos ellos. Y lo más doloroso, es que bien podríamos ser nosotros mismos. El autor consigue que cada lector encuentre su reflejo en alguno de los personajes de su novela, y eso es posible gracias al gran trabajo de documentación e inmersión que Miguel Ángel llevó a cabo. 

Alegría y Mario proceden de ambientes desestructurados, pero ambos son diferentes. 

Por un lado, Alegría tiene las cosas claras: no quiere ser como su madre. Quiere estudiar, seguir con su trabajo de camarera y salir adelante, sea como sea. Alegría es diferente, y trata de mantener su identidad y no dejarse llevar por el lugar del que proviene: su padre le abandonó cuando era niña y su madre la maltrata física y psicológicamente. Además, Alegría es quien debe hacerse cargo de su casa, trabajando de forma ilegal como camarera de un bar siendo menor de edad a la vez que continua con sus estudios en el instituto. Su madre no trabaja, y tiene un hermano con autismo al que debe cuidar. Alegría luchará contra su mundo, contra su situación. Tratará de abrirse paso con apenas unos pocos apoyos, casi todos de parte de Selene, su mejor amiga y en realidad su única amiga real, y Don Miguel, su profesor de Lengua. Alegría es un personaje que provocará todas las emociones en el lector, haciendo que sientas su dolor, y sobre todo que te ilusiones, que realmente creas que puede escapar de la vida que le ha tocado en suerte y salir hacia adelante. 

Alegría está enamorada de Mario, un chico también de Badajoz, con el que vive una relación tóxica a todas luces. Alegría lucha también contra esto, contra el carácter de Mario, y al principio parece que lo consigue. Sin embargo, a raíz de una serie de circunstancias la vida de Alegría comienza a caer en barrena en una espiral de violencia física y psicológica. La novela está teñida de un miedo sólido, de todo aquello que nunca queremos que ocurra. Lo más desagradable del testimonio narrado en primera persona de Alegría es que, por desgracia, la novela está demasiado bien arraigada en la realidad. Alegría dará voz a todas las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia, pero también retratará a todos los hombres que alguna vez hemos sido partícipes o testigos de algún incidente violento con mil y un ejemplos. 

Por su parte, Mario encarna el personaje de hombre machista y tradicional. A pesar de comenzar la novela con una promesa de cambio y tener la opción de cambiar, Mario decide torcer su camino hacia un destino del que promete huir constantemente: ser como su padre. Mario es posesivo, manipulador y violento en todas sus facciones. Es un personaje secundario que acompaña a Alegría hasta la última página, haciendo de su vida un infierno y demostrando hasta qué punto alguien puede estar ciego ante lo que ocurre a su alrededor. Mario despliega una tela de araña en la que nuestra protagonista cae sin ser consciente. La absorción llegará hasta tal punto que, por mucho que el resto de personajes de la novela tratan de ayudar a Alegría, ella decide en todo momento hacer oídos sordos. Bien por miedo, bien por rutina, Mario erige un imperio de terror y violencia que recuerda demasiado al que sufrieron y aún sufren tantas mujeres. Mario es un personaje construido a la perfección, que cumple su función de antagonista y no dejará indiferente al lector. A pesar de no compartir su modo de pensamiento, el lector puede entender el pensamiento del personaje, que se comporta de forma coherente con su planteamiento y evoluciona en consecuencia. Mario es el espejo que le devuelve la imagen a Alegría, una imagen que no quiere mirar y mucho menos aceptar.

El resto de personajes que incorpora la novela cumplen con su tarea, ayudando o entorpeciendo a Alegría para seguir desarrollando la trama a su manera. Mención especial merecen Selene, en el papel de mejor amiga de Alegría, y Don Miguel, como profesor de Lengua del instituto de Alegría, en los que la protagonista se apoyará durante toda la novela casi como si fueran el único lugar seguro de su vida. Sin embargo, me gustaría destacar a Reme, sobre todo para demostrar que es necesario dejar a un lado los prejuicios para avanzar como sociedad. El autor se vale de este personaje para ilustrar que nunca sabemos quién puede ayudarnos en un momento de necesidad, a pesar de la imagen que tengamos de esa persona. Los personajes secundarios son ricos en detalles, y también cuentan con la profundidad suficiente para que el lector empatice con ellos. Miguel Ángel Carmona completa un elenco de personajes desarrollados y pulidos hasta el extremo.


Técnica

Alegría cuenta el origen de una relación de violencia de género: cómo una relación entre una pareja de adolescentes acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla para la protagonista de la novela. El autor le ofrece al lector un papel en su novela, asistiendo a la misma como quien escucha a través de una pared. Todo ello provoca toda una serie de emociones en el lector, entre las que sobresalen rabia e impotencia por no poder hacer más que eso: presenciarlo como un espectador de cuarta fila: lo suficiente cerca como para ver, oír y tocar todo, pero tan lejos como para que sea imposible intervenir.

La novela está narrada con un narrador en primera persona en tono directo bajo la voz de Alegría, en tiempo presente y ambientada en Badajoz. La trama principal en apariencia es la única, ya que todo gira alrededor de la vida de Alegría. Carmona del Barco despliega una prosa directa, bajo la que se esconden algunas metáforas. Como viene siendo habitual en su obra, se trata de un autor más decantado porque sean los propios personajes quienes cuenten su historia, y para ello construye un universo ad hoc en el que todos los recursos narrativos se ponen al servicio de los personajes y de la trama que los conecta. En Alegría no veremos descripciones innecesarias, todo está al servicio de la trama principal: el viaje de Alegría, una catábasis que parece no tener fin, en la que lector y personaje van de la mano hacia la pérdida absoluta de la cordura.

Los diálogos se perciben frescos y directos, construyendo a través de ellos situaciones creíbles con las que el lector se sumergirá rápido en la novela. La trama principal se desarrolla de manera dinámica, aunque nos detendremos en aquellos puntos en los que Alegría lo necesite, o sea obligada a parar. 


A destacar

Creo que lo más reseñable de la novela es la capacidad que ha tenido el autor para mantener agarrado al lector, a pesar de la brutalidad y crueldad de su historia. Carmona del Barco consigue ilusionarnos, darnos el respiro suficiente para pensar que puede salir bien, que Alegría conseguirá aquello que se propone, que alguien le ayudará o que Mario cambiará. Con todo ello, el lector encuentra ilusión a la vuelta de cada página, entre otras cosas porque durante la novela a Alegría se le presentan varias oportunidades en las que puede terminar con su situación. Muchas ocasiones en las que pide ayuda a alguien y de haberla recibido, probablemente la novela habría terminado en ese preciso instante.

Las escenas tan creíbles que casi se pueden tocar. La prosa es tan directa que consigue que el lector sea un personaje más de la historia. En este caso, la intención del autor con esta novela era asistir a la trama como quien escucha a través de una pared, generando impotencia y rabia a partes iguales en lectores.

El proceso de documentación e inmersión tan extenso. Otro de los pilares que sustenta la novela es la veracidad de la historia. Para la elaboración del manuscrito, Carmona del Barco se apoya en casos reales de violencia de género, algunos de dichos casos con orden de alejamiento en firme. Con todo ello, la trama está tan bien construida que casi podemos tocarla. Esto supone una marca de la casa, una impronta propia en la obra de Miguel Ángel Carmona del Barco a lo largo de sus novelas.


Disgustos

Alegría es una de esas novelas a las que se les puede reprochar poco, un libro al que la única punta que se le puede sacar es que haya otra novela que te haya gustado más, por la razón que  sea. 

La trama, aunque es cruenta, violenta y fría como el filo de un cuchillo, relata una realidad demasiado amarga para ser digerida a la primera en caso de que seas alguien muy susceptible. De igual forma, creo que es un libro necesario, el testimonio de Alegría es un viaje tan cercano a todos y todas que lo último que produce es indiferencia. 


Valoración

Lo más reseñable de la novela, más allá de todo lo que supone la situación de violencia salvaje que sufre Alegría, es que Carmona del Barco consigue encender una pequeña luz, una diminuta llama de esperanza a la vuelta de cada página. En cualquier recodo, callejón o escena, la trama nos insufla el aliento suficiente para continuar la historia y no desfallecer en el camino. Alegría es una novela que nos zarandea, nos retrata como sociedad, y nos devuelve una imagen de nosotros que no es la que esperábamos ver. Y aún así, las páginas se suceden, acabando con sangre en las manos y el corazón encogido. 

Una novela salvaje, desbocada y sincera. Una propuesta en la línea del resto de las novelas de su autor: una manera de ver y comprender el mundo que le rodea, con la intención de contar no tal y como sucedió, sino como podría haber ocurrido.

Una vez termina la novela, comprendemos la tesis fundamental que hay en el interior de sus páginas: debemos dejar de juzgar a las víctimas, y sobre todo dejar de exigirles que sean ejemplares. Tienen todo el derecho del mundo a no ser como la sociedad espera que sean.


Una novela no sólo recomendable, sino necesaria. 


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