sábado, 30 de octubre de 2021

Las cosas que perdimos en el fuego - Mariana Enríquez



Argumento

El mundo de Mariana Enríquez no tiene por qué ser el nuestro, y, sin embargo, lo termina siendo. Bastan pocas frases para pisarlo, respirarlo y no olvidarlo gracias a una viveza emocional insólita. Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza.

Las autodenominadas «mujeres ardientes», que protestan contra una forma extrema de violencia doméstica que se ha vuelto viral; una estudiante que se arranca las uñas y las pestañas, y otra que intenta ayudarla; los años de apagones dictados por el gobierno durante los cuales se intoxican tres amigas que lo serán hasta que la muerte las separe; el famoso asesino en serie llamado Petiso Orejudo, que sólo tenía nueve años; hikikomori, magia negra, los celos, el desamor, supersticiones rurales, edificios abandonados o encantados... En estos doce cuentos el lector se ve obligado a olvidarse de sí mismo para seguir las peripecias e investigaciones de cuerpos que desaparecen o bien reaparecen en el momento menos esperado. Ya sea una trabajadora social, una policía o un guía turístico, los protagonistas luchan por apadrinar a seres socialmente invisibles, indagando así en el peso de la culpa, la compasión, la crueldad, las dificultades de la convivencia, y en un terror tan hondo como verosímil.

Mariana Enríquez es una de las narradoras más valientes y sorprendentes del siglo XXI, no sólo de la nueva literatura argentina a cargo de escritores nacidos durante la dictadura sino de la literatura de cualquier país o lengua. Mariana Enríquez transforma géneros literarios en recursos narrativos, desde la novela negra hasta el realismo sucio, pasando por el terror, la crónica y el humor, y ahonda con dolor y belleza en las raíces, las llamas y las tinieblas de toda existencia.

«El terror, en los cuentos de Mariana Enriquez, se desliza como un jadeo de agua negra sobre baldosas al sol. Como algo imposible que, sin embargo, podría suceder» (Leila Guerriero).

«Su escritura es tan auténtica y perspicaz que consigue evocar una realidad más vívida que la que nos rodea. Todo ello, resultado de su destreza y meticulosidad. La prueba de que nos hallamos ante una escritora de primera clase» (Daniel Gumbiner, McSweeney’s).


Técnica

La prosa de Mariana Enríquez envuelve y te atrapa. Cada relato está construido como una tela de araña, en la que vamos cayendo poco a poco. Enríquez propone un terror enraizado en la realidad, con presencia de lo cotidiano. Capaz de convocar a temáticas de corte más clásico, elementos lovecraftianos y problemas políticos en la sociedad, el terror que despliega la autora nos hace comprender por qué el nombre de Mariana Enríquez está ligado al género del terror de manera innegable. Los cuentos incomodan, molestan, nos hacen estremecer desde diferentes prismas. Todo amante del género disfrutará recorriendo La casa de Adela, escrudriñando qué se puede esconder Bajo el agua negra o preguntándonos si hay algo realmente maligno en El patio del vecino. 

Las cosas que perdimos en el fuego engloba un conjunto de historias de horror, pero también de llamativa belleza y rabiosa actualidad. Enríquez propone una mirada oscura y amarga, retratando episodios dramáticos como la ola de feminicidios en Argentina y sus mujeres ardientes. Una propuesta moderna que adapta mitos del terror más antiguo, como las brujas, hacia asuntos y problemáticas de esos que “podrían pasar a cualquiera”.

Hay un punto en cada cuento en el que la cabeza del lector se quiebra. Y ese momento es en el que descubres que una de las raíces de la narrativa nutre al relato de realidad. Que todo lo que cuentan ha pasado, no tal y como sucedió en la realidad, pero sí como podría haber ocurrido. Esa premisa, es la que nos hace ver que estamos ante una escritura honesta. 


Cuentos

El chico sucio: cuenta la historia de una diseñadora gráfica que se muda a una antigua casa familiar situada en un barrio difícil. Rodeada de pobreza y miseria, la casa de la chica se erige como un castillo en medio del caos. Ella se obsesionará con un chico que vive con su madre en la calle, enfrente de su casa. Un día, el chico sucio tocará la puerta de su casa para contarle que su madre ha desaparecido. Esto dará origen a una espiral de acontecimientos por los que nuestra protagonista se obsesionará con el chico. El cuento está escrito con un lenguaje muy ameno y sobre todo visual, reflejando a la perfección la vida en un barrio pobre. Enríquez consigue en pocas páginas trasladarnos al centro del barrio, como si fuéramos la casa en la que vive la protagonista. De estilo magnético, la prosa de la autora nos atrapa y nos hace partícipes del drama personal que vive la nueva inquilina del barrio de Constitución. A Mariana Enríquez le bastan unas pocas páginas para conseguir un personaje principal que evoluciona de forma palpable “de princesa en el castillo a loca encerrada en la torre”, una ubicación característica, un par de personajes secundarios y hasta una especie de villano al que repudiaremos gracias a nuestra protagonista. Un cuento impactante que deja poso y abre el volumen de una manera magistral.

La Hostería: relata una historia de fantasmas bajo la mirada de dos niñas pequeñas. De nuevo, Enríquez consigue en unas pocas páginas ubicarnos y presentarnos a los personajes a la perfección. Las dos amigas vivirán un momento de absoluto terror al colarse en un edificio aparentemente abandonado. El episodio narrado en el cuento se desarrolla con ambas chicas viviendo su particular drama familiar, un elemento que parece ser común en la literatura de Mariana Enríquez. 

Los años intoxicados: un grupo de tres amigas adolescentes pasa sus últimos años de colegio en Argentina. La historia gira alrededor del hastío y la pereza con las que los adolescentes miran a los adultos. Como si fueran seres que habitan otro mundo, las chicas viven ajenas a la situación social y económica por la que pasa el país. La autora nos ubica en la década de los 90 en Argentina, relatando a la perfección la relación de las chicas con las drogas y la sexualidad incipiente que se abre paso como un puente hacia el mundo adulto, provocando el rechazo de las protagonistas. Todo cambia el día en que ven a una chica bajarse de un autobús en medio de un bosque. Una historia con tintes de brujería muy visual y gran ritmo. El cuento parece estar basado en cierta rumorología y desapariciones en el bosque.

La casa de Adela: cuenta uno de los episodios que Mariana Enríquez desarrollará en forma de novela en Nuestra parte de noche. Un relato perturbador sobre una casa embrujada que un día un grupo de niños deciden visitar. De momento el cuento que más se adapta al terror clásico. Es absolutamente perturbador, sobre todo cuando los chicos deciden entrar en la casa.  

Pablito clavó un clavito: una evocación del petiso orejudo: en este cuento, la autora nos cuenta un episodio de la vida de Pablo, un guía de turismo en Buenos Aires que trabaja en tours sobre criminales famosos en la ciudad. El caso del Petiso Orejudo fue bastante sonado en la época, tanto que Pablo llega a obsesionarse con él. La historia transcurre en medio de una reciente paternidad que ha cambiado la relación de pareja de Pablo y su mujer, haciendo que deteste tanto a su esposa como al bebé.

Tela de araña: un relato desconcertante sobre desapariciones, de nuevo en el núcleo de un drama familiar. En este caso viviremos la historia de una mujer harta de su marido, al que odia y desprecia. El relato parece conducirnos hacia un lugar, una zona en la que se repite una historia de desapariciones. Un cuento de terror de corte más contemporáneo en el que la autora nos sitúa en medio de un matrimonio forzado, en el que sospecharemos de los personajes, dudando de hasta qué punto el viaje que realizan en el cuento es intencionado o simplemente fruto del azar.

Fin de curso: una historia breve sobre una clase de último curso de secundaria, en la que hay una chica que se comporta de forma extraña: autolesionándose cada cierto tiempo sin demostrar sentir dolor alguno. La chica tiene en cuestión se comporta de forma huraña y esquiva. Según se acerque el final de curso, la protagonista del cuento descubrirá que aquello que acechaba a la chica puede estar ahora cerca de ella. 

Nada de carne sobre nosotras es un relato macabro sobre la locura y la obsesión de una chica que encuentra una calavera por la calle. Poco a poco la chica se irá obsesionando cada vez más, tratando de imitar el aspecto de la calavera y descuidando sus relaciones familiares y de pareja por su obsesión con dicho objeto.

El patio del vecino: es una terrorífica crónica sobre el viaje de una mujer hacia la locura. La historia comienza cuando la chica y su novio se mudan a un nuevo piso. Una relación echada a perder, y que se mantiene por rutina, es el escenario en la que una chica que justo ha terminado un episodio de depresión sin el apoyo de su novio empieza a oír y ver cosas que no son del todo normales. Un relato que juega muy bien con la percepción del lector hacia lo que cuenta su protagonista, haciéndonos desconfiar hasta que ya es demasiado tarde.

Bajo el agua negra: es un cuento de tono amargo sobre una fiscal tratando de averiguar más sobre el caso de asesinato de dos chicos en un barrio pobre de Buenos Aires. Ambos chicos fueron arrojados a un río infecto y tóxico de basura por dos policías. La historia refleja a la perfección las miserias de aquellos que no tienen más remedio que vivir entre mugre y la sensación de impunidad que tienen algunos policías en la ciudad. Como detalle añadido, Con Bajo el agua negra dispone elementos con los que hace referencia a Lovecraft. Me ha parecido una adaptación actual genial de lo que puede ser una historia de los Mitos de Cthulhu del genio de Providence. Mariana Enríquez se vale del horror cósmico esta vez para conseguir proyectar angustia y desasosiego en el lector, un terror que vive debajo de las aguas ha despertado. Una historia que gana mucho de conocer la literatura de Lovecraft, en especial la novela corta titulada La sombra sobre Innsmouth.

Verde rojo anaranjado: es el testimonio de una joven que cuenta cómo su novio decide encerrarse en su habitación y poco a poco aislarse del resto de la sociedad. El chico empieza a sentirse interesado cada vez más por la deep web y asuntos macabros sobre foros con contenido sobre violaciones, torturas y fantasmas. La chica poco a poco, se va haciendo a la idea de que su expareja se convertirá en un fantasma: alguien que desaparecerá en la red y no volverá, como el recuerdo de un amigo lejano de la niñez.

Las cosas que perdimos en el fuego: el cuento que da nombre al volumen relata la desgarradora historia del episodio vivido en Argentina sobre la quema de mujeres. Con una narración de tono crudo y sin florituras, Enríquez expone los hechos y va directa al grano. Un cuento oscuro, de los que dejan poso y enraizan en nuestro interior. Un episodio macabro en la historia de Argentina y de toda la humanidad: una plaga de asesinatos de mujeres con un denominador común: fueron quemadas. La narrativa del cuento va de la mano de una chica y su madre, cuando empiezan a desarrollarse todos los episodios de femicidios mediante quemas. En el cuento también se trata el tema de la quema voluntaria de mujeres en señal de protesta por la ola de violencia machista en el país. Una narrativa increíble, a nadie sorprende cuando 


Valoración 🌟🌟

Mariana Enríquez nos trae con un volumen terrorífico. Una escritura auténtica que brilla con la luz del terror en todas sus tonalidades. Un conjunto de relatos que beben tanto de mitos clásicos como de temas de rabiosa actualidad. Personajes desarrollados que consiguen que nos metamos en su piel. La autora nos invita a recorrer la calle del terror, obligándonos a mirar hacia los elementos más espantosos. Todos los cuentos cuentan con un ingrediente de realidad que consigue que nuestra cabeza se quiebre, otorgando a los relatos un aura maligna. Sin duda, el nombre de Mariana Enríquez es garantía de calidad incuestionable. Una autora que convence, que consigue estremecer a sus lectores desde todas las perspectivas del género del horror: con arquetipos más clásicos como las brujas, terror de corte más materialista, pasando por una adaptación de Lovecraft hasta llegar a problemáticas de actualidad política como puede ser una epidemia de asesinatos de mujeres. Este tema es tratado en el relato Las cosas que perdimos en el fuego, que será adaptado próximamente en cines. 

Mariana Enríquez esgrime una prosa terrorífica, logrando historias impactantes. Tanto si eres amante del terror como si no eres de l@s habituales, en este volumen encontrarás una gran propuesta con calidad, de una escritora con oficio e incuestionable talento. Cada una de las historias pasan a través del lector, dejándonos un poso que nos obliga a reflexionar.

Muy recomendable.


domingo, 24 de octubre de 2021

Distancia de rescate - Samanta Schweblin

Argumento
El campo ha cambiado frente a nuestros ojos sin que nadie se diera cuenta. Y quizá no se trate solo de sequías y herbicidas, quizá se trate del hilo vital y filoso que nos ata a nuestros hijos, y del veneno que echamos sobre ellos. Nada es un cliché cuando finalmente sucede.
Distancia de rescate sigue esta vertiginosa fatalidad haciéndose siempre las mismas preguntas: ¿Hay acaso algún apocalipsis que no sea personal? ¿Cuál es el punto exacto en el que, sin saberlo, se da el paso en falso que, ahora sí, nos condena?

Técnica
Samanta Schweblin nos trae un relato perturbador. Una historia que atrapa y juega con nuestro desconcierto. Con una prosa magnética, nos situaremos en la cabeza de Amanda, una mujer enigmática que habla con alguien en su cabeza. Schweblin plantea este juego de narrador a dos voces para desplegar un relato amargo con mucho más trasfondo del que podría parecer a simple vista. Todo ocurre en emplazamiento fantástico, en el que vemos cómo el campo ha enfermado y mucha gente padece enfermedades mortales. Toda esta ambientación de ficción es algo por lo que la autora pasa de puntillas, ya que tampoco importa. Lo que realmente es urgente, lo que necesita saber Amanda, es qué ha pasado con ella. Qué ha pasado con su vida, con su hija, con su vecina Carla y sobre todo con su hijo David. Una novela que explota el pasado y la vida de su protagonista, perdiéndose en sus recuerdos y vivencias. La narración se desarrolla en primera persona, en una conversación de ambos narradores interrumpida por alguna interacción con otro personaje externo de vez en cuando. Distancia de rescate es un libro lleno de varias historias contenidas unas a otras a modo de matrioska. 
La narrativa comienza con Amanda en una casa junto a su hija Nina y Carla, su vecina. Desde el inicio, comprenderemos que algo no está bien. Algo ocurre o va a ocurrir, pero no sabemos cuándo. Este suspenso se mantiene durante toda la novela. La historia se cuenta a través de la conversación de Amanda con alguien más a modo de retrospectiva. El ritmo es frenético, pues desde las primeras páginas sabemos que a nuestra protagonista no le queda mucho tiempo de vida. 
El libro es una conversación en la que se relata el paso de una vida normal a una situación terrorífica. Con esta estructura, apenas hay descripciones, la autora imprime un ritmo frenético y mucha tensión, jugando con el término “distancia de rescate” todo el tiempo. En el libro definen la distancia de rescate como la distancia a la que una madre debe estar de sus hijos para protegerlos de un mal que es inevitable que pase: “tarde o temprano ocurrirá algo malo, y cuando pase quiero tenerte cerca”. Los momentos en los que Amanda pierde de vista a Nina serán momentos de mucha tensión. 
A pesar de estar leyendo la historia bajo la mirada de Amanda, de forma paralela están ocurriendo multitud de acontecimientos que, a pesar de no ser importantes con respecto a lo que cuenta la protagonista, suponen un marco de fantasía impecable. Schweblin consigue construir en muy pocas páginas una escena de suspense extremo que incomoda al lector y consigue crear tensión cuando menos lo esperamos. 
Además de todo lo anterior, en la novela podemos apreciar tintes esotéricos y cierto misticismo. En ella se tratan otros temas de manera tangencial, como el ecologismo, las enfermedades o las supersticiones de la población más rural. Todo ello se mezcla con el modo en que la protagonista del relato vive su maternidad en este escenario que más bien parece un apocalipsis.
Distancia de rescate es una novela inmensa, de esas que merecen una relectura. El final queda muy a la interpretación del lector, siendo coherente con la propuesta de la autora. De haber tenido un final hermético y cerrado al milímetro habríamos oído en nuestra cabeza la voz de David diciéndonos: “eso no es importante”.

Valoración: 9 / 10
Un libro magnético, que nos impide levantarnos del asiento hasta terminarlo y que, sin embargo, no es recomendable devorar. Schweblin plantea una prosa que raspa, quema y atrapa a los lectores. Un relato que juega con el desconcierto de sus personajes. Un escenario fantástico con moraleja ecologista, todo ello incrustado en un drama familiar madre-hija con una idea de fondo que viene y va en forma de eco: la distancia de rescate entre una madre y su hija enferma. La novela reluce con tintes esotéricos, introduciendo una temática mística y fatal.
Una obra maestra del terror y que nos hace comprender porqué a Samanta Schweblin se le augura un futuro tan brillante.

lunes, 4 de octubre de 2021

Legado en los huesos - Dolores Redondo


Argumento
Tras El guardián invisible, más emoción, más tensión, más revelaciones en el segundo volumen de la Trilogía del Baztán. 
«Amaia dio un paso adelante para ver el cuadro. Jasón Medina aparecía sentado en el retrete con la cabeza echada hacia atrás. Un corte oscuro y profundo surcaba su cuello. La sangre había empapado la pechera de la camisa como un babero rojo que hubiera resbalado entre sus piernas, tiñendo todo a su paso. El cuerpo aún emanaba calor, y el olor de la muerte reciente viciaba el aire.» Un año después de resolver los crímenes que aterrorizaron al pueblo de Baztán, la inspectora Amaia Salazar acude embarazada al juicio contra Jasón Medina, el padrastro de Johana Márquez, acusado de violar, mutilar y asesinar a la joven imitando el modus operandi del basajaun. Pero, tras el suicidio del acusado, el juicio debe cancelarse, y Amaia es reclamada por la policía porque se ha hallado una nota suicida dirigida a la inspectora, una nota que contiene un escueto e inquietante mensaje: «Tarttalo». Esa sola palabra destapará una trama terrorífica tras la búsqueda de la verdad.

Técnica 
Legado en los huesos sigue la historia de Amaia Salazar justo por donde la dejó El guardián invisible. La novela comienza unos meses después de concluir el primer libro, justo unos días antes de que Amaia dé a luz a su hijo. Este es uno de los añadidos nuevos a la historia de la inspectora Salazar: en Legado en los huesos profundizaremos en la vida de Amaia, desde su reciente maternidad hasta las raíces de su familia. La novela está escrita del mismo modo que la anterior: en estilo directo y tiempo pasado, con un narrador omnisciente que irá alternando la trama principal y la investigación en curso con algunos episodios fechados en 1980 de los cuales Amaia no sabe nada y el lector sí. Esto supone un detalle que puede despistar al lector, ya que cuando leamos el primero de estos capítulos alternativos, descubriremos algunos detalles de la investigación sobre los que la inspectora no sabrá nada al respecto. Más adelante, según vayamos avanzando en la novela, comprobamos que todo está relacionado y esos capítulos cobran sentido con respecto a la trama principal.
Los personajes son los mismos que en el libro anterior, si bien se desarrollarán un poco más dada la nueva trama principal, que comienza una vez Amaia se reincorpora al trabajo. Sin embargo, la mente de la inspectora está partida en dos: solucionar el nuevo caso y su hijo recién nacido. Es esta maternidad de la inspectora, junto con las relaciones con miembros de su familia, lo que compone el abanico de tramas secundarias. En mi opinión, la propuesta de la inspectora Salazar como madre primeriza no funciona demasiado bien. Si bien es cierto que en las primeras páginas nos llama la atención este lado tierno de la inspectora fría que conocimos en el primer volumen de la trilogía, poco a poco Amaia se acaba volviendo un personaje repelente. Los abundantes tramos en los que Amaia piensa en su hijo, le da el pecho o trata los problemas de ser madre primeriza son llamativos al principio, pero acaban siendo intrascendentes. Esto se debe a que el hecho de ser madre primeriza no aporta nada a la novela, al abordar estos problemas que puede tener cualquier otra madre primeriza sin que esto trascienda en la trama principal: compaginar el trabajo con su maternidad, intentar no descuidar su relación de pareja o pensar que no es una buena madre y estar fallando a su hijo. Por otro lado, veremos cómo la inspectora recuerda a su madre en algunos puntos de la novela, sorprendiéndose ella misma y al lector, logrando profundizar y llenar más a un personaje rico y bien desarrollado. Este es el motivo por el que Amaia habla tanto de su hijo, lo que me interesa como lector, pero se le da más peso a su responsabilidad como madre que a lo que ella pueda sentir, repitiéndose hasta la saciedad. En esta novela veremos como la inspectora se verá reflejada en su pasado, siendo atractiva la lucha interna de la protagonista por evitar reproducir los comportamientos de su madre. Una vez más, el papel de James como elemento neutralizador de la vorágine en la que Amaia se encuentra en varias partes de la novela es fundamental.
El resto de personajes acaban siendo una prolongación del libro anterior, aunque los nuevos que son introducidos en esta novela apenas tienen peso en la trama principal, y no van más allá de ser utilizados para algo concreto que era necesario para el desarrollo de la misma. Destaca el papel del inspector Fermín Montes, evolucionando y cambiando la imagen que teníamos de él en El guardián invisible. Algo que llama la atención es la solemnidad con la que se tratan los personajes entre ellos, sin importar que sean compañeros de trabajo habituales o familiares. Todos se hablan con un respeto excesivo, además de ser personajes de comportamiento muy serio y formal, ya sean familiares, criminales o miembros de una misma familia. Sólo las escenas con el juez Markina introducen cierta tirantez y algo de humor al relato, que queda huérfano de algo que rompa la monotonía. 
Con respecto a la investigación, en Legado en los huesos aparece un nuevo criminal conocido como el asesino del Tarttalo. Esta trama principal comienza en los juzgados, en el juicio de Jason Medina por el asesinato de su hijastra. Medina se suicida justo antes de entrar en el juzgado y deja una carta dirigida a la inspectora en la que figura la palabra Tarttalo. A partir de aquí, surge el caso por el que Amaia tendrá que descubrir quién es el autor de este movimiento de crímenes en el que los asesinos se llevan una parte del brazo de sus víctimas una vez asesinadas. En la novela anterior ya vimos algunas pistas cuando a Johana Márquez le amputaron medio brazo una vez fue asesinada. De manera paralela, Amaia es requerida personalmente para investigar un crimen en una iglesia del Baztan: alguien ha destrozado algunos símbolos sagrados. Es en este punto en el que Dolores Redondo se hace fuerte: trazando una investigación profunda y enrevesada, en la que no tendremos más remedio que dejar hacer a Amaia y a su equipo al no poder sospechar ni de lejos el resultado final. Redondo plantea una trama principal que relaciona bien con las tramas secundarias, haciéndonos discurrir por riachuelos hasta terminar en la corriente principal al final de la novela. El hecho de que en el primer libro de la trilogía ya se vieran indicios de la investigación de esta segunda novela, nos hace ver que la autora sigue un hilo principal que probablemente culmine en la tercera novela de la saga. A través de esta investigación descubriremos más sobre el pasado de la inspectora, sobre todo de su infancia y de su relación con su madre. De nuevo se aprecia un trabajo de documentación sobresaliente para componer el conjunto de escenarios de la novela, tanto a lo referido a costumbres y mitología como en lo referente a la sistemática de trabajo policial.
También merece la pena hablar sobre el apartado esotérico de la novela. En El guardián invisible veíamos ciertos ramalazos de mitología que adornaban y enriquecían la trama principal. En esta novela Redondo va más allá, dándonos a entender que todo es real y algo sobre lo que la propia Amaia acaba siendo consciente según avanza la novela. De la misma manera que en el primer libro la parte mística era un revulsivo para el relato, en Legado en los huesos desconcierta al lector, puesto que nos hace pensar que algunos los logros de Amaia se deben a sus habilidades sobrenaturales en lugar de a su habilidad como inspectora. Esto culmina en un final de novela en el que aparece un Deus ex machina como recurso para solucionar el conflicto a través de los misteriosos silbidos que suenan en algún lugar del bosque, guiando a la protagonista hacia su destino. La diferencia fundamental con la primera novela es que este tipo de sucesos parecen ocurrir en la imaginación de la inspectora, o como algo con explicación racional. En Legado en los huesos los silbidos del Basajaun son invocados de manera consciente por la protagonista, reclamando ayuda en momentos de necesidad. Esto también es aplicable a las tiradas del Tarot que hace la tía de Amaia: ahora no sabemos si lo que ve Engrasi en las cartas se cumple por pura casualidad y azar, o porque realmente es capaz de ver el futuro. 
En lo referente al ritmo, Legado en los huesos sigue los pasos de su predecesor y nos trae una historia cocinada a fuego lento. Con todo lo anterior, la percepción que tuve fue de leer una historia que sorprende menos, llena de descripciones que no llevan a ninguna parte más allá de demostrar el gran gusto estético de su autora. 
El final de la novela no anima a seguir leyendo. A pesar de todo el bombo que se le da a la investigación, el final resulta atropellado y con villanos poco impactantes. Estos personajes, lejos de funcionar, acaban siendo poco carismáticos y no dejan huella alguna. Tanto es así que la única amenaza para la inspectora que queda a priori en la siguiente novela es un problema que se puede solucionar solo: esperando sin necesidad de que Amaia haga nada, dada la edad y el estado de la persona en cuestión.

A destacar
Trabajo de documentación: vemos una vez un trabajo de campo impecable, que nos trae imágenes de la naturaleza en el valle del Baztan. También se aprecia minuciosidad y pulcritud en el trato que le da Redondo a todo lo relacionado con lo policial. Una investigación muy bien planteada y enrevesada que hará impacientar al lector y querer devorar páginas.
Personajes bien definidos: otra seña de identidad de Dolores Redondo es la profundidad de su personaje principal y secundarios. Tanto Amaia como los personajes cercanos a ella son personajes pulidos y muy creíbles con los que el lector empatizará.


Disgustos
Villanos nada trascendentes: algo que echo de menos en los libros de Dolores Redondo es la figura del villano. Un personaje antagonista que esté realmente a la altura de la inspectora Salazar y su equipo. Hasta ahora hemos visto criminales de pacotilla, rateros de poca monta que montan un alboroto y que Amaia acabará atrapando. A falta de un libro para concluir la trilogía, la sensación que da es que nada puede parar a la inspectora, más aún después de haber confirmado que tiene ciertas habilidades sobrenaturales. En este caso veremos a un criminal que impone más en lo que cuentan de él que en la realidad. Una vez Amaia da con él se entrega sin oponer resistencia, sucediendo todo demasiado deprisa.
Personajes demasiado solemnes: todos los personajes parecen estar debajo de una nube gris que ensombrece el relato. Todos los personajes parecen estar cortados con la misma tijera y tienen relaciones basadas en respeto y cortesía. Especial relevancia tiene un pequeño episodio de pelea entre la inspectora con otra persona en el que, aún en medio de golpes y puñetazos, siguen tratándose de usted y con respeto. Toda esta solemnidad me resulta poco creíble e impostada. Sólo las escenas en las que aparece el juez consiguen romper esta dinámica de seriedad absoluta, consiguiendo sacarnos una sonrisa tan necesaria en este tipo de historias con ritmo narrativo tan lento. 
La parte esotérica que se desbanda y rompe lo establecido, pasando a ser un elemento real y tangible adicional. La imagen de inspectora sobresaliente en labores de investigación queda desdibujada al confirmarse las sospechas que Amaia tiene en el transcurso de Legado en los huesos: toda esa aura sobrenatural que le rodea es real. Esto hace que volvamos la vista a la novela anterior: en esos momentos en los que un silbido guiaba a Amaia por la novela. Lo que en un principio podíamos pensar que era sugestión o imaginación de la inspectora ahora es real, un ser sobrenatural que acude a la llamada de Amaia cuando ella lo requiera, además de las tiradas de Tarot que anticipan lo que ocurrirá. Una vez terminado Legado en los huesos no sabremos hasta qué punto tiene implicación todo esta parte paranormal.
Los episodios que el lector conoce y la policía no. El hecho de conocer datos sobre la investigación antes que Amaia coloca al lector en una posición comprometida, violando la regla que sentó Agatha Christie en el género: el lector nunca debe saber más que el detective. 


Valoración: 5,5 🌟 / 10 🌟
Legado en los huesos nos trae la continuación de El guardián invisible. Dolores Redondo usa los mismos ingredientes: un tono oscuro, personajes carismáticos y una investigación compleja. La trama principal se interconecta bien con un amplio abanico de tramas secundarias, con el añadido de algunos personajes nuevos y algunas tramas como la reciente maternidad de la inspectora Salazar que condicionarán todo el libro. Sin embargo, la ausencia de villanos impactantes y a la altura de la inspectora hace que el lector se plantee la siguiente novela como un mero trámite para la inspectora. Esto se agudiza si tenemos en cuenta que la parte mística y esotérica que parecía envolver a Amaia se vuelve real, siendo ella consciente de la misma y consiguiendo hacer acudir a su llamada elementos sobrenaturales. 
Por otro lado, la novela queda huérfana de algo que rompa la monotonía. Todos los personajes mantienen relaciones de extrema cortesía y respeto a pesar de ser criminales, familiares o compañeros de trabajo habituales. Especialmente relevante es una escena de pelea en la que la inspectora y su oponente se siguen tratando de usted en medio de puñetazos. 
Con respecto al ritmo, la autora vuelve a traernos una historia cocinada a fuego lento, lo que unido a lo anterior provoca una sensación de pesadez en demasiados puntos de la novela. El final tampoco anima a seguir leyendo, puesto que la única amenaza que queda para Amaia se soluciona sola, esperando, dado la edad y el estado de la persona en cuestión.
Personalmente esperaba más de esta novela al haber disfrutado tanto la primera.

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